Siempre estuve en riesgo | Colegio Sn. Ángel de Puebla

Siempre estuve en riesgo

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Por Jorge Alonso Espíritu

Embajador del bienestar del campus Puebla

 

En el año 2007 el Instituto Mexicano de la Juventud y el INEGI abrieron el debate público de la violencia en las relaciones de los jóvenes con la aplicación y posterior publicación de la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo. Los hallazgos del instrumento permitieron dimensionar cuánta de la violencia que cubría al país tenía su origen en la familia y en la idea de amor romántico que prevalecía en la sociedad mexicana. En un ejercicio complementario, los reporteros Ale del Castillo y Moisés Castillo pusieron relatos a las estadísticas con la publicación del libro Amar a madrazos: El doloroso rostro de la violencia entre jóvenes, cuya pertinencia lo ha mantenido en circulación –todo un logro en la industria editorial mexicana- hasta hoy.

Han pasado más de 10 años desde la publicación de su primer título y la dupla de periodistas regresa con un libro que complementa el trabajo de Amar a madrazos y Los nadie (publicado en 2013): Siempre estuve en riesgo: mujeres que narran sus historias de violencia. En este tiempo el panorama de la violencia en jóvenes y adolescentes, y hacia las mujeres, ha cambiado en muchos sentidos, pero en lo fundamental sigue siendo dramático. Tal vez el mayor logro al respecto ha sido la visibilidad que las distintas formas de violencia han cobrado: términos como el de “micromachismos”, que resultaban un necesario descubrimiento hace una década, hoy son parte conocida de la discusión, por lo menos en espacios académicos, de activismo, medios de comunicación y redes sociales.

No nos encontramos ya ante un territorio inexplorado y, sin embargo, el trabajo profesional de Ale y Moisés clarifica y detona esta vez la reflexión acerca de formas específicas de violencia de género: el acoso, la cultura de la violación, la violencia obstétrica, el embarazo adolescente, la sextorsión, hasta llegar al feminicidio.

El hallazgo del lector es la cotidianidad de la violencia; ningún espacio es cien por ciento seguro, pues las estructuras de la violencia machista siguen siendo sólidas. La casa, la escuela, la calle, los hospitales son escenarios de agresiones constantes a las mujeres, no importa si son niñas, jóvenes o adultas. Como descubrió el físico mexicano Adrián Santuario, citado por los autores, el primer acoso sexual suele ocurrir entre los 6 y los 10 años de edad.

Como en sus trabajos anteriores, la columna vertebral del libro son los testimonios de las víctimas, escritas con respeto y perspectiva de género, evitando la revictimización sin rehuir al ejercicio de la verdad. A cada relato lo acompaña información estadística, definiciones, información oficial, explicaciones y opiniones de expertos que clarifican cada tema expuesto. De esta forma, Siempre estuve en riesgo es una herramienta para conocer, prevenir la violencia y salvaguardar a las y los jóvenes de ella. 

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